NPK explicado: qué necesita cada etapa
Guía completa sobre el equilibrio NPK en cada fase del cultivo, con fórmulas específicas y consejos prácticos para maximizar rendimiento y calidad desde vegetativo hasta cosecha.

Después de dos décadas seleccionando genéticas y perfeccionando técnicas de cultivo, puedo decirte que entender el NPK es la diferencia entre una cosecha promedio y una que te haga famoso en el barrio. El nitrógeno, fósforo y potasio no son solo números en una botella: son la clave para que tus plantas expresen todo su potencial genético. En esta guía te voy a contar todo lo que aprendí sobre cómo alimentar correctamente cada fase, qué errores evitar y cuáles son los secretos que no te cuenta nadie.
Entendiendo los fundamentos del NPK
Antes de meternos en las fórmulas específicas, necesitás entender qué hace cada elemento. El nitrógeno (N) es el motor del crecimiento vegetativo: hojas verdes, tallos fuertes y desarrollo estructural. Sin suficiente nitrógeno, tus plantas van a quedar enanas y amarillentas. Pero ojo, porque el exceso en flora te va a arruinar los tricomas y el sabor.
El fósforo (P) es el rey de las raíces y las flores. Es fundamental para el desarrollo del sistema radicular, la formación de resina y la densidad de los cogollos. Acá es donde muchos cultivadores se van al carajo: creen que más fósforo en flora significa más producción, pero la realidad es que el exceso bloquea otros nutrientes y puede generar deficiencias secundarias.
El potasio (K) es el regulador de funciones vitales: controla la apertura de estomas, el transporte de agua y la síntesis de azúcares. Es crucial en flora para la maduración y el peso final de los cogollos. Una planta con deficiencia de potasio en las últimas semanas es como un auto sin aceite: puede andar, pero no vas a llegar lejos.
NPK en fase vegetativa: construyendo la estructura
En vegetativo, tu planta es como un adolescente: necesita proteínas para crecer fuerte. Acá el nitrógeno es el protagonista absoluto. Yo trabajo con ratios de NPK alrededor de 3-1-2 o incluso 4-1-2 en variedades sativas que tienden a estirarse mucho.
Una fórmula que me funciona bárbaro es 200-70-140 ppm de NPK respectivamente para plantas en su peak vegetativo. Esto lo combinás con CalMag a 150 ppm y tenés la base perfecta. Pero ojo con el timing: en las primeras dos semanas desde trasplante, bajá todo a la mitad para no quemar las raíces nuevas.
El error más común que veo es arrancar con concentraciones altas desde el vamos. Las plantas jóvenes son como bebés: no les das asado el primer día. Empezá con 100-50-70 ppm y subí gradualmente cada semana hasta llegar a los valores máximos en la cuarta o quinta semana de vegetativo.
Un tip que aprendí cultivando en hidro: si las hojas nuevas salen verde claro pero no amarillo, estás en el punto exacto de nitrógeno. Si salen verde oscuro y brilloso, estás pasándote y vas a tener problemas en flora. La planta te habla constantemente, solo tenés que aprender su idioma.
La transición crítica: de vegetativo a flora
Esta es la etapa donde se separa el amateur del profesional. La transición de 12/12 genera un estrés hormonal importante, y como responden tus plantas a este cambio depende mucho de cómo manejés la nutrición. Yo siempre hago una transición gradual en tres pasos.
Primera semana de 12/12: bajo el nitrógeno a la mitad pero mantengo el fósforo y subo ligeramente el potasio. La fórmula queda algo como 100-70-160 ppm. Es clave porque la planta todavía está estirándose pero ya empezó a formar pre-flores.
Segunda semana: bajo más el nitrógeno y subo el fósforo notablemente. Acá voy a 80-120-180 ppm aproximadamente. Es el momento donde se definen los sitios de floración y necesitás que la energía vaya a las flores, no a las hojas.
Tercera semana en adelante: entro en la fase de flora propiamente dicha. El nitrógeno queda en mantenimiento (60-80 ppm) mientras que fósforo y potasio suben a sus picos máximos.
Un error que veo seguido es cortar el nitrógeno de golpe al cambiar a 12/12. Esto genera estrés innecesario y amarilleo prematuro de hojas. La planta necesita nitrógeno para sostener el estiramiento inicial de flora, cortarlo de golpe es como sacarle la nafta a un auto en subida.
Flora temprana: estableciendo la producción
Las primeras cuatro semanas de flora son donde se define si vas a tener una cosecha recordable o algo para el autoconsumo nomás. Acá el fósforo es el rey absoluto, pero sin descuidar el potasio que va a sostener todo el peso que se viene.
Mi fórmula para flora temprana es NPK 60-150-200 ppm. Parece poco nitrógeno, pero es suficiente para mantener las hojas sin interferir con la producción de flores. El fósforo alto estimula la formación de cálices y el desarrollo inicial de tricomas.
Acá hay un secreto que pocos conocen: el timing de la alimentación es tan importante como la concentración. En flora temprana alimento cada dos días con solución nutritiva y un día solo con agua pH balanceado. Esto evita acumulación de sales y mantiene las raíces respirando bien.
Para los que cultivan en coco o hidro, monitoreá el EC constantemente. En flora temprana no debería superar 1.4 EC (700 ppm). Si ves que las puntas de las hojas se queman, estás excedido. Mejor alimentar menos y más seguido que quemar las raíces con concentraciones altas.
Un indicador que uso para saber si la alimentación está correcta: los pistilos deben ser blancos y abundantes, y las hojas mantener un verde saludable sin amarillear. Si amarillean antes de la semana 6, algo está mal con el nitrógeno o tenés bloqueos por pH incorrecto.
Flora media: el momento de la verdad
Entre la semana 4 y 7 de flora es donde realmente se hace la magia. Los cogollos empiezan a engordar en serio y la demanda nutricional está al máximo. Es como el último sprint de una maratón: si llegaste bien hasta acá, es momento de dar todo.
Mi fórmula estrella para esta fase es NPK 40-180-250 ppm. El nitrógeno baja a mínimos porque ya no necesitás crecimiento vegetativo, solo mantenimiento. El fósforo está al máximo para densidad de cogollos y producción de resina. El potasio alto sostiene el peso y mejora la calidad final.
Acá introduzco aditivos específicos: aminoácidos cada 10 días para mejorar el metabolismo, y enzimas semanalmente para mantener las raíces limpias. También empiezo con suplementos de carbohidratos para alimentar las bacterias beneficiosas del sustrato.
Un truco que aprendí de un viejo cultivador holandés: en la semana 5-6 de flora, hacé un flush suave de 24 horas solo con agua y enzimas, después volvé a alimentar normal. Esto limpia cualquier acumulación de sales y las plantas responden con un burst de crecimiento increíble.
Para variedades índicas que maduran rápido (8 semanas), empezá a bajar el fósforo en la semana 6. Para sativas que van 10-12 semanas, podés mantener estos niveles hasta la semana 8-9. Conocer tu genética es fundamental para ajustar el timing.
Flora tardía: preparando la cosecha
Las últimas 2-3 semanas antes del flush final son cruciales para la calidad. Acá cambio completamente el enfoque: bajo fósforo y nitrógeno al mínimo, mantengo potasio moderado-alto y me concentro en maduración y producción de terpenos.
NPK en flora tardía: 20-80-150 ppm. Parece poco después de los valores anteriores, pero es exactamente lo que la planta necesita. El exceso de fósforo en esta etapa puede generar un sabor áspero y afectar la combustión del producto final.
Este es el momento para aditivos de finishing: melaza orgánica para mejorar el sabor, aminoácidos específicos para terpenos, y si cultivás orgánico, té de compost bien oxigenado cada 5 días. Todo esto potencia el perfil aromático sin sobrealimentar la planta.
Un error gravísimo que veo seguido: seguir con fórmulas de flora media hasta el final. Esto genera acumulación de sales en flores, sabor químico y cogollos que no queman bien. La planta necesita empezar a movilizar las reservas de las hojas, por eso es normal que amarilleen un poco en esta etapa.
Monitoreá los tricomas religiosamente: cuando estén 70% lechosos y 30% transparentes, empezá el flush final. No esperes a que se pongan ámbar si querés un efecto más cerebral, especialmente en sativas.
El flush final: cerrando con clase
Los últimos 7-10 días son solo agua pH balanceado, punto. No importa lo que te digan sobre 'flush' con aditivos especiales: la planta necesita movilizar las reservas acumuladas en hojas y tallos para terminar de madurar los cogollos.
Durante el flush, las hojas van a amarillear desde abajo hacia arriba. Esto es normal y deseable. Si no amarillean, significa que había demasiada acumulación de nitrógeno y el producto final va a tener un sabor áspero.
Un tip para mejorar el sabor: los últimos 2-3 días antes del corte, poné las plantas en oscuridad total. Esto degrada la clorofila y mejora notablemente el sabor final. Algunos cultivadores lo extienden hasta 5 días, pero yo prefiero no estresar tanto la planta.
Errores fatales que arruinan cosechas
Después de tantos años, he visto todos los errores posibles. El más común es la sobrealimentación en flora tardía. Los cultivadores novatos creen que más nutrientes = más producción, pero en las últimas semanas es exactamente al revés.
Otro error clásico: no ajustar el pH del agua. Podés tener la fórmula NPK perfecta, pero si tu pH está fuera del rango 6.0-6.8 (tierra) o 5.5-6.2 (hidro), la planta no puede absorber los nutrientes. Invertí en un buen medidor de pH, no en los baratitos que se descalibran cada semana.
El timing incorrecto también mata cosechas. No uses fórmulas de flora si tu planta todavía está estirándose. No mantengas nitrógeno alto después de la semana 4 de flora. Y por favor, no hagas flush de 3 semanas porque leíste en un foro que 'limpia mejor'.
Adaptaciones por genética y método de cultivo
No todas las variedades responden igual a la misma alimentación. Las sativas puras necesitan menos fósforo y más potasio en general. Las índicas afganas pueden manejar concentraciones más altas. Las autoflorecientes necesitan todo más suave y por menos tiempo.
En tierra orgánica, estos valores son orientativos porque el sustrato ya aporta nutrientes. En coco e hidro, son más estrictos porque vos controlás todo. En exterior, tenés que considerar la lluvia que diluye las concentraciones.
El secreto está en observar constantemente y ajustar según lo que ves. Cada planta es un individuo con necesidades específicas. Estas fórmulas son la base, pero tu experiencia y observación son las que hacen la diferencia entre una buena cosecha y una extraordinaria.