Cómo presentar un portfolio cuando los proyectos no son tuyos
Trabajaste para clientes que tienen su propia marca. Lo que mostrás no es 'tu' diseño — y sin embargo es lo que tenés que mostrar. Cómo resolverlo sin mentir.
El diseñador que trabaja por encargo se enfrenta a una paradoja que el ilustrador o el artista visual no tienen: lo que produce no es suyo. Pertenece al cliente, lleva la marca del cliente, se publica con la voz del cliente.
¿Cómo se arma un portfolio entonces? Hay tres formas. Dos malas. Una que funciona.
Lo que no funciona
Forma uno: rebrandear el trabajo del cliente con tu identidad. Reemplazar logo y colores en los mockups para que "se vea como tuyo". Es mentira y se nota. Cualquier evaluador serio identifica el truco en treinta segundos.
Forma dos: mostrar sólo trabajos personales. Coherente pero falso por omisión. Si pasaste tres años haciendo proyectos de cliente, esconderlos vacía tu CV de tu trabajo real.
Lo que funciona
Mostrá el proyecto del cliente con su identidad intacta. Lo que aportás no es la estética: es la decisión. Cada proyecto del portfolio cuenta:
- La situación inicial. Qué tenía el cliente y qué le faltaba.
- La decisión que tomaste. Qué arquitectura, qué prioridad, qué cosa decidiste no hacer.
- El resultado medible. Tiempos, conversión, métricas, casos.
Eso, no la pantalla bonita, es lo que un cliente serio quiere ver. Mostrar el proceso de decisión es la única forma honesta — y la más efectiva — de presentar trabajo de encargo.